:: BOCA Y RIVER, SÓLO MIRARON EL PISO ::

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Con distintos resultados, una sensación amarga les quedó a los más grandes en la presentación del Clausura; con la obligación sobre sus hombros, los xeneizes empataron 2-2 con Argentinos y los millonarios perdieron con Banfield por 1-0.-

De la Redacción de LA NACION.- Estuvo en foco la capacidad de reacción de Boca, el poderoso más enclenque en el comienzo de este campeonato que se insinúa como a la medida de los poderosos. También el envión de River, que sintió un cálido viento en su espalda tras los clásicos veraniegos. Así lo marcó la teoría por las obligaciones en la Copa Libertadores de los otros equipos que parecen mejor ensamblados: Estudiantes, Vélez, Lanús y Banfield. Ambos, xeneizes y millonarios, pusieron los pies tímidos en la línea de partida. Y, por caminos diferentes, ninguno pudo. Los dientes de Boca chirriaron de la bronca por el 2-2 con Argentinos, que consiguió el empate en el tiempo adicionado. De River, ¿qué más decir que la caída con Banfield, el campeón, por 1-0, esfumó por el momento la paulatina recuperación que se insinuaba?


Cada uno con sus argumentos y necesidades, empezaron el Clausura con un gesto duro. La igualdad y la caída les supo casi de la misma manera, pese a la estricta ganancia. Más allá de los goles de Martín Palermo y Juan Román Riquelme, los emblemas, Boca se fue con la mente perturbada. Con Daniel Passarella en un palco, con los bríos de los juveniles y los refuerzos, River no evitó el tropiezo. Cada uno con sus inquietudes, con la vista de los demás clavada en sus ojos. Y todos saben por qué...


El verano había dejado a Boca con una rodilla en tierra. Los clásicos contra River fueron determinantes: el director técnico Alfio Basile renunció luego de la derrota con los millonarios por 3-1, en Mar del Plata, y el manager Carlos Bianchi –ni más ni menos– se fue luego de la caída por penales en Mendoza, aunque la decisión ya estaba tomada mucho antes del resultado. Hasta los dirigentes quedaron cuestionados y acorralados por los reproches por la falta de refuerzos hasta el momento.


El tiempo se detuvo en Boca porque la zozobra lo había capturado. Al principio, en medio de la incertidumbre, no supo bien qué hacer... Que Guillermo Barros Schelotto, que Diego Cagna, que el mismo Bianchi. Al final, Abel Alves se quedó con la dirección técnica y absorbió la presión del momento. Apareció en medio de un plantel indómito, con relaciones chispeantes y juego desgastado. Cada uno de los detalles confluyó y acrecentó las dudas en los momentos previos a la fecha inaugural.


La expectativa se había concentrado alrededor de River por la repercusión que tomaron las alegrías contra los xeneizes en los amistosos. En parte, porque el cambio dirigencial llegó como un aporte fresco y modificó algunas conductas en favor de la salud del club. Eso fue lo que se intentó con una cuidada política de contrataciones, con gastos medidos y sin grandes apuestas. Quedó en claro, más allá de algunas insinuaciones, que no se trata de una historia rosa, por más que hayan entusiasmado las apariciones de los juveniles Daniel Villalva y Gabriel Funes Mori. Saltó a la vista que aún falta trabajo, pese a las saludables incorporaciones de Alexis Ferrero, Rodrigo Rojas y Gustavo Canales, y de algunos chispazos que anuncian una leve mejoría futbolística. Mucho más, si enfrente aparece un conjunto aplicado y que se conoce a la perfección, como Banfield.


Justo en el torneo en que los grandes quieren volver por las huellas de su historia, con distintos resultados, Boca y River paladearon bocados de amargura. Pasó el verano y pocas cosas se modificaron. Uno, dos, tres... La fecha N° 2 ya está en marcha.


 

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